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sábado, 23 de octubre de 2010

ANNEKA LUBICK, GANADORA DE LA PRIMERA ETAPA DEL CERTAMEN INTERNACIONAL DE POESÍA

Existen frases que pretenden exhibir lo valioso de una victoria cuando dicen: "Ganar no es lo importante... es lo único", o aquella otra que versa: "El honor es un atributo que sólo ostentan los ganadores"
Nada más alejado de la verdad, al menos para los que empeñan su esfuerzo, dedicación y una buena parte de sus mejores sentimientos. Ganar no es llegar en primer lugar, más bien es haber vencido nuestras propias adversidades para merecer la oportunidad de tal vez ganar. El triunfo es la consecuencia más maravillosa que solamente se logra al final del camino, no antes.
Adicionalmente a todo ello, cuando soñamos con la victoria, todo nuestro ser se prepara célula por célula, nervio por nervio, para así poder superar el desvelo, el trabajo arduo y tenaz, el afanoso deseo de seguir adelante contra todo y contra todos. Por supuesto que siempre hay alguien mejor que nosotros. ¡Qué bueno! Es la esencia de la competitividad sana, honesta, que nos mueve a ser mejores y superarnos día a día.
Anneka Lubick ganó, eso es una verdad inobjetable. Su poema es hermosamente bello, profundo, que nos mueve en lo más íntimo y nos sacude para reflexionar en facetas inexploradas por muchos de nosotros. Cuando inscribió su propuesta, algo en su corazón le decía que estaba cerca, muy cerca de lograr una meta, no importa si era pequeña, sin connotación más allá de saberse ganadora. Su empeño y entusiasmo, su calidad artística, su don de poeta cristalizó para deleitarnos con sus pensamientos.
Pero, ¿qué decir de los demás? Lo mismo, exactamente lo mismo. Porque todos los demás concursantes creyeron que era importante colaborar, sumarse, indagar sus alcances y compararse sanamente con los demás. Todos, absolutamente todos merecen un reconocimiento y una felicitación. Cada poema contiene un sueño, una idea que invita a reflexionar, una propuesta, una oportunidad.
Amigo lector: Te invito de corazón a que te des unos minutos para conocer a quienes ocuparon los primeros lugares, pero por favor, sin la suma de todos, no estaríamos hablando en este momento.
¡Felicidades, Anneka! ¡Felicidades o todos!

Finalmente, no puedo pasar por alto el invaluable trabajo de nuestro jurado internacional, el cual trabajó horas extras para elucidar el enigma de tener que nombrar a un ganador. Gracias a Zara Patricia Mora Vázquez, Nery Aragonés Sánchez, Galdys Acha, Nicolás Barrasa, Juany Anselmi, Alberto Álvarez, Sergio Soler y Álvaro Ancona.

IMPERDONABLE ARDOR

“De nuevo amo y no amo,
y deliro y no deliro”

Anacreonte20 (79 D)

Vino de juventud es el que esperas en tu copa cascada
viejísimo Anacreonte que ocultas tras tus barbas el paso de los años
sin que la sed te deje respirar el perfume de tranquilas magnolias
que consuelan al viejo y aplacan los tormentos que los tiempos le imponen;
mas lo sensual te acosa como un viento fugaz y pasajero,
imperdonable ardor que ya castiga tus carnes maceradas
y la potrilla tracia que funda tus anhelos y te espesa la sangre
escapa asilvestrada con un mozo cualquiera que cuando canta, ama
y revive en la hierba las fuerzas que tus muslos han perdido en batalla.

Vas, sin embargo, tras la muchacha de sandalias de colores*
y aunque Eros te acompaña solícito y ardiente, están tus recias canas.
lamentables fronteras de ese invierno implacable y sin pudor desnudo
que al solitario frío de las noches obliga a tu esqueleto.

Ebrio de amor estás, viejísimo Anacreonte
que tuvieras un día pura miel en la boca de uvas y de higos
y las manos joviales dispuestas en la lira
y el ánimo exultante en el banquete
de vino, pan y flores y muchachas y niños;
todo es en tu memoria en tanto que tus barbas encanecen
y las sienes blanquean con la misma tristeza del otoño
y sabes ya de sobra que del dulce vivir apenas si hay un resto.

Sollozas a menudo temeroso del Tártaro
pues amargo es seguro ese descenso oscuro
del que nunca se vuelve.

Miro mis dientes viejos que ansían la mordida
de una poma jugosa ebria de primavera y de narcisos
y la misma sed de vino de juventud clama en mi boca seca.

* verso de Anacreonte

ANNEKA LUBICK