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viernes, 11 de noviembre de 2011

DEBÍ HABERME QUEDADO DORMIDO


¡Cuando me di cuenta, ya todo había pasado!
Con desesperación miré el calendario como sí éste tuviese la respuesta. Observo mi reloj: las 8:30.
¿Cómo me pudo suceder esto? ¿Qué estaba haciendo que no me percaté de ello?

Cuando inicié este proyecto, mi mente no alcanzaba a avizorar el futuro. ¡Algún día! Decía.
Me pertrecho entonces en el rincón más solo de la casa. Mascullo mi falta de delicadeza, de atención, de compromiso.
Las quijadas apretadas anuncian su frágil estructura. El crujir de mis dientes pronostica una noche larga y silenciosa.
Afuera, todo parece igual. El barrendero en su afanosa y oscilante tarea. La vendedora de tamales esperando con paciencia a sus compradores en esta noche fría. La enfermera que corre tras el último autobús que la llevará de regreso a casa.
En ocasiones la vida es cíclica, monótona, pero justa y puntual con sus promesas y sus citas.

Me vuelvo al interior y me quedo perdido mirando al monitor de mi computadora.
Así es la vida, me dije, un escandaloso correr y buscar, soñar y alcanzar, anhelar y fracasar. Sin embargo, algo me dice que no lo iba a superar fácilmente. 
Lo había esperado como se espera la llegada de un duende, mágico, celestial, como si en su regordeta faz se encontrara la respuesta a lo inusitado.

Extravío mi mirada y leo el contador de visitas al blog Literalia México: 25,167 accesos de 77 países diferentes.
Me siento avergonzado por mi desatención a mis sueños más acariciados. Es como iniciar una carrera y abandonarla para sumarme a otra y a otra y a otra. Llegar, algún día, a alcanzar esa cifra, estaba por entero fuera de mis posibilidades...

Sí, es factible, debí haberme quedado dormido soñando en nuevos y promisorios proyectos.

Arturo Juárez Muñoz