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martes, 17 de abril de 2012

NUESTRA NIÑEZ, POEMA DE LA SEMANA EN EDITORIAL ALAIRE





"El valor de una satisfacción es inmensamente mayor a la dimensión del premio obtenido. Todo reconocimiento implica un acto de fe, de caridad y de privilegio por aquella distinción que nos hizo caminar sobre nuestros sueños"






Con profundo agradecimiento a la Dirección General de Editorial Alaire, España (www.editorialalaire.com); a los entrañables Rafel Calle y J.J.M. Ferreiro, brillantes moderadores del Foro Poemas en Verso; a todos los compañeros que participan activamente en este prestigiado sitio.

Queridos lectores: La presente es con el único fin de elevar mi más hondo reconocimiento a todos aquellos que hacen posible que una sonrisa se dibuje en mis labios. Sé perfectamente que todo ello es circunstancial; que hay muchos y mejores poemas que merecieron ser distinguidos; que el compromiso para con la Literatura no tiene descanso, ni treguas ni claudicaciones. Es como tomar aire, elevar la mirada y seguir adelante.
Concluyo diciendo que me comprometo de corazón a seguir intentando escalar pequeños peldaños en pro de la poesía, y que este espacio es y será su propia casa donde encuentren paz y amor al fragoroso quehacer de forjar una colectividad comprometida.

¡Muchas gracias!
Arturo Juárez Muñoz

jueves, 22 de marzo de 2012

NUESTRA NIÑEZ

Los viejos decían: "Todo tiempo pasado fue mejor". 
En aquel entonces no les comprendía, pues mi vida florecía entre juegos y aventuras, sueños y dolorosas realidades.
Rodillas raspadas, vidrios de ventanas rotas, entre tantas y tantas travesuras infantiles, nuestros juegos transcurrían entre las piedras, los riachuelos, las tardes crepusculares que pintaban de rojo dorado la ciudad entera.
Sin embargo, muy a nuestro pesar el tiempo pasó también para nosotros. Nuestros viejos partieron un día como tantos, envueltos en la serenidad de una noche apacible y oscura. 

Sin embargo, sus aromas sutiles, sus imágenes salpicadas de ocre y obsidiana, prometieron volver cualquier día en un futuro convertido en presente, y con ello, recordarnos que nuestras almas mantienen un hilo de luz que nos ata a costumbres inveteradas y llenas de felicidad.
Apenas el día de ayer, al husmear en uno de tantos lugares donde la eternidad es una cuna y los recuerdos pululan entre fierros oxidados, asomó erguido y orgulloso de su prosapia legendaria, un viejo camión hecho de pedacería de hierro. Trocitos de varilla, ruedas cortadas de entre recortes de láminas que nunca se vencieron ante las garras del olvido; partes de tubos y filigrana entresacada del rizo atrapado entre los óxidos del tiempo.

¡Ay, niñez de cuatro lunas! ¡Ay, aroma de té de canela con panecillos recién horneados! ¿Dónde se extraviaron las rutas donde orgullosa surcabas los caminos que llevan al horizonte infinito? Yo era tu chofer, tu conductor, tu jinete en aquellas jornadas donde el polvo era nuestras nubes y las farolas de las calles nuestra galaxia.
Cuando vuelvo a ver tus pedacitos de todo y a su vez de nada, me recuerdan que así ha sido mi vida, pegotes que se adhieren como a ti las rondanas y los birlos, para ambos crecer de poco en poco, amalgamados por la esperanza de sentirnos fuertes, sólidos, diferentes, y sin embargo débiles como las rosas atrapadas en su cáliz. 

Por un instante me sentí transportado a aquellos tiempos, como si nada hubiese pasado, como si el tiempo quedara suspendido y mi alma se entremetiera entre las brumas de la nostalgia de aquella niñez tan añorada. Después de todo, andar de nuevo nuestros rumbos secretos, es una forma de decir que la vida es una promesa que se volverá verdad una mañana.


NUESTRA NIÑEZ

Acicaladas, las gaviotas se aprestan a levantar el vuelo una mañana.
Sus alas extendidas se baten en grácil huida
como intentando surcar el cosmos de una nueva galaxia.

Así nuestra niñez, convertida en polvo dorado que se esparce 
como burbujas de jabón en vorágines de nada.

Tus destellos diamantados quedaron esparcidos en la grana,
en esas tardes que parecían trozos de luna salpicadas de aventuras,
que hoy son como olas de recuerdos que se mecen
en las sienes platinadas de mi cara.


¡Niñez que fuera todo; esperanza colmada de esperanza,
y cada torcer del destino, una razón para esperar otro mañana!


Si pudiera asirme a tu cauda tejida de listones,
me volvería juego, bolero, carcajada,
y volvería a tus noches de terror,
con los ojos asomando debajo de la almohada.

Arturo Juárez Muñoz
Literalia México