Para cuando vuelva a mirarte,
los mirlos verán, revoloteando en la campiña,
dónde el camino dorado encenderá la senda
y volverán a encontrarse los enamorados.
La luz no tendrá rivales en las sombras,
ni los sueños serán sólo quimeras;
Las caricias que quedaron suspendidas,
retornarán a las vívidas mejillas.
Así será, inexorablemente,
¡Vida después de la vida!
Morir para admirar el tiempo,
convertido en balsa sobre lluvia clara.
Arturo Juárez Muñoz
